Ecos de Varela

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Boletín Mensual de la Fundación Padre Félix Varela de Miami.

Año XXII Febrero 2026 No. 2

Curiosidades Varelianas: La Asociación Católica de Temperancia de Nueva

York, un antecesor de la actual Alcohólicos Anónimos.

En febrero de 1840, el Padre Varela estableció la Asociación Católica de Temperancia de Nueva York, con el objeto de ayudar a los católicos, en su mayoría irlandeses que sufrían la adicción al consumo de bebidas alcohólicas.
Ya unos años antes, en 1837, había establecido una asociación similar en su parroquia de la Transfiguración.
Iniciativa promovida por el sacerdote capuchino Theobald Matthew en Irlanda. Para ayudar a los creyentes que querían dejar tal vicio, el Padre Varela, elegido Presidente de la Asociación, estableció una promesa de sobriedad que cada miembro debía jurar y observar, contando con el acompañamiento de otros asociados, que cada mes se reunían en la Iglesia de la Transfiguración, celebraban la misa y se reunían para reflexionar sobre los medios que los podían ayudar en su empeño, renovando su promesa, que al mantenerse sobrios por largo tiempo, recibían un token o moneda que confirmaba la perseverancia y empeño de vencer al pecado, con la ayuda de los hermanos y la gracia
de Dios.

Juramento firmado por los miembros de la Asociación.

  • Un pueblo religioso e ilustrado es superior a todas las leyes y a todos los sistemas políticos, que
    son para él como los vestidos para el cuerpo, que pueden afearlo y aún molestarlo, pero no
    alterar su naturaleza ni la hermosura de sus formas.
    [“Cartas a Elpido sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con la
    Socie-dad por el presbítero Don Félix Varela. Tomo Segundo: Superstición. Carta primera.
    Naturaleza de la religión y de la superstición. Efectos de ésta. Paralelo entre ambas”. Obras.
    1997, 127]
  • El pueblo no es tan ignorante como le suponen sus acusadores. Verdad es, que carece de aquel
    sistema de conocimientos que forman las ciencias, pero no de las bases del saber social; esto es,
    de las ideas, y sentimientos que se pueden hallar en la gran masa, y que propiamente forman la
    ilustración pública. [Espíritu Público. Revista Bimestre Cubana, No. 3, Enero 1834, 465]
    Efemérides Varelianas: Muerte del Padre Varela

El 18 de febrero de 1853 expiraba en San Agustín de la Florida el Padre Varela, luego de una
larga y fructífera vida llena de matices, cual diamante de muchas aristas, cuando cumplidos los
64 años de vida, dejara una profunda huella como sacerdote, pedagogo, periodista, teólogo,
reformador social, filósofo, pensador, pero sobre todo como patriota entero, que no solo soñó ver
a su Cuba libre e independiente, sino que trabajó arduamente por crear un pensamiento, un
discurso y una conciencia de la identidad del pueblo Cubano, sin por ello dejar de reconocer sus
raíces hispanas.
Ya en sus Cartas a Elpidio, había hecho una promesa de fe, al decir: “el Dios de bondad me
advier-te que va llegando el término del préstamo que me hizo de la vida. Yo me arrojo en los
brazos de su clemencia, sin otros méritos que los de su Hijo, y guiado por la antorcha de la fe
camino al sepulcro en cuyo borde espero, con la gracia divina, hacer, con el último suspiro, una
protestación de mi firme creencia”. Y así lo hizo, poco antes de expirar su último aliento,
consciente de la cercanía de su muerte, sacando fuerzas en su agonía y en apenas un suspiro dijo:
“Tengo hecha una promesa y debo cumplirla (…) Protesto ante Dios y los hombres, que he
creído siempre y creo firmemente, que en esa Hostia está el mismo cuerpo y el espíritu de
Nuestro Señor Jesucristo, Salvador del mundo (…) Venid a mí, Señor”.
Una semana después, el 25 de ese mismo mes de febrero, fue enterrado, siendo luego exhumados
y trasladados sus restos a la Capilla fúnebre que sus discípulos Cubanos construyeron para alojar
sus venerados restos mortales en el Cementerio de Tolomato, de San Agustín de la Florida.
Curiosidades Varelianas: Varela un criollo dicharachero y campechano.

Aunque en la mayoría de las imágenes del Padre Varela que han llegado hasta nosotros el
sacerdote aparece con el rostro serio y adusto, eso no significa que Varela gozara del buen humor
Cubano y en sus escritos nos revela una veta de humor que nos hace esbozar una sonrisa, al notar
presente en él el espíritu de un Cubano criollo y rellollo que no escapa del uso de dichos, refranes y expresiones que nos muestran el aire campechano, natural y espontáneo, de una persona que aunque re-vestido de su dignidad sacerdotal no por eso deja de ser un auténtico Cubano.
En sus cartas personales encontramos expresiones que nos muestran esta faceta del santo sacer-
dote, como cuando escribe: “(hace) tiempo que estoy como el yunque, siempre bajo el martillo”
[Cartas a Elpidio]; o en carta a su hermana “sin duda me habrán ustedes cortado muchos
vestidos por mi silencio, pero yo los he usado todos y ya están rotos” [20/01/1839], a otra
hermana le dice jocosamente “¿con que quieres mi retrato? Te lo mandaré cuando pueda
costearlo, y en miniatura porque nunca tendré medios para más (…) lo mismo [sirve] un mono
grande que pequeño, y no tengas cuidado que hallarás cuando menos lo pienses mi retrato en tus
manos” [12/30/1842]; o a uno de sus exdiscípulos, “acaso esta manía de limpiar que he
fomentado por tantos años, influye (…) y es que en el campo que yo chapeé (vaya este terminito
cubano) han dejado crecer mucha manigua (vaya otro); y como no tengo machete (he aquí otro)
y además el hábito de manejarlo, desearía que los que tienen ambos emprendieran de nuevo el
trabajo” [10/22/1840].
Son muchos los momentos en que el filósofo sacerdote, usa con la misma fluidez el lenguaje
cien-tífico y el refranero criollo. Pero no solo disfruta del gracejo y la picardía del lenguaje
criollo, sino que en su biblioteca personal encontramos obras de un humorista inglés, famoso en
su época, conocido por su humor negro, ríspido, considerado a veces hiriente, por su capacidad
de reflejar la hipocresía y los vicios de su época sin llegar a lo vulgar ni a lo irrespetuoso. Su
nombre Peter Pintard, y su obra se titulaba Works of Peter Pintard, en cinco volúmenes.
A diferencia de Pintard, cuyo humor era cáustico e hiriente, Varela usa un humor campechano y
sabroso, como cuando dice en carta a otro amigo, “cada cual habla de feria como le va en ella y a
mí por desgracia me va muy mal” [abril/1834]; o el momento en que contendiendo frente a un
predicador protestante, le dice respetuosamente, “less noise Dr. Brownlee and more argument”, o
sea, menos ruido y más argumento, versión del “mucho ruido y pocas nueces” (07/06/1833). En
sus Cartas a Elpidio escribe, “no creo haber ofendido a ninguna persona determinada, pero no ha
sido posible prescindir de dar palos a ciertas clases. Quisiera que hubieran sido más flojos; pero
estoy hecho a dar recio, y se me va la mano (…) preveo que este avechucho [escrito] puede
acarrearme algunos enemigos, pero ya es familia a cuyo trato me he habituado”.
En sus escritos encontraremos expresiones comunes, refranes y dicharachos, que revelan que de-
trás de su rostro adusto y solemne, vivía una persona sencilla y humilde, en el que aunque
poseedor de una cultura y un pensamiento enciclopédicos, podemos descubrir esa identidad
cubana, esa cubanidad, por la que él trabajó tan arduamente para que los hijos de Cuba
descubrieran que aun-que poseían una cultura cuyas raíces se hundían en la presencia española
en su tierra, se distinguía de ella de forma singular, peculiar, distintiva, que solo alcanzaría su
plenitud cuando alcanzara su libertad al independizarse de la Metrópoli que la sometía. Su legado perdurará de tal forma que, como él dijera en carta a sus hermanas, “lejos de estar muerto me hallo más fuerte que nunca. Creo que voy a ser como dicen allá un viejo revencudo.”
(03/12/1845).

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