
Efemérides Varelianas.
Curiosidades Varelianas: Participación del Padre Varela en los Concilios Provinciales de
Baltimore:
Durante la primera mitad del siglo XIX, solo existía un Arzobispado y Provincia Eclesiástica
conformada por la primera diócesis católica establecida en los Estados Unidos, la de Baltimore,
establecida en que luego en 1808. Luego de veintiún años sin que los Obispos se reunieran de
forma de homogeneizar estrategias pastorales y de disciplina eclesiástica, decidieron reunirse en
1829 en el Primer Concilio Provincial de Baltimore. El Obispo neoyorquino John DuBois,
decidió viajar a Europa en octubre de 1829, con el objeto de visitar al Papa, recaudar fondos para
establecer un Seminario en su diócesis y reclutar sacerdotes y religiosos que fueran a trabajar en
Nueva York. Antes de partir, nombró al Padre Varela Vicario General, para que en su ausencia
gobernara la diócesis junto al otro Vicario, Padre John Power, y lo envió como Procurador
Delegado suyo al Concilio.
El choque que supuso la ausencia del Obispo y la falta de experiencia en el sentido de la
colegialidad y autoridad de los Obispos, -unido al celo de un Obispo que prefería la presencia y
representación del otro Vicario, con quien mantenía una estrecha amistad-, hizo que no se le
concedieran a Varela los derechos de representación episcopal, por lo que solo se le concedió el
derecho a voz, pero no al voto en las deliberaciones entre los prelados diocesanos. Con la
humildad que lo carac-terizaba, Varela aceptó esa decision, y compartió activamente junto a los
teólogos presentes en los debates teológicos del mismo.
En mayo de 1837, por razones de salud, el Obispo DuBois se ausentó al Tercer Concilio
Provincial, y envió nuevamente al Padre Varela como su Procurador Delegado, quien de acuerdo
a las decisiones de los Obispos norteamericanos, participó sin ejercer los derechos episcopales
que le correspondían a DuBois, al que decidieron imponerle un Obispo Coadjutor, por su
decadente estado de salud, enviando a la Santa Sede una terna (tres) de candidatos, a la espera de
la decisión del Papa.
En el Sexto Concilio Provincial de Baltimore (mayo/1846), ya siendo Obispo de Nueva York,
John J. Hughes, Varela fue enviado por éste como el teólogo diocesano que discutiría con los
teólogos de las otras diócesis los temas y tesis que serían abordados por los Obispos, y aprobados
por todos los Padres conciliares en el documento final del mismo. Como podemos apreciar,
Varela participó en tres Concilios Provinciales, dos como Procurador Delegado Episcopal y en el
último como teólogo, lo que nos ilustra sobre la relevancia y distinción que entre la jerarquía
eclesiástica católica norteamericana tuvo nuestro querido Padre Varela, quien en su tiempo fue
uno de los más destacados teólogos de la Iglesia Norteamericana.
Frases y Pensamientos Varelianos.
-“El gobierno, de cualquiera especie que sea, no tiene derecho de vida y muerte, en el sentido
absoluto que hasta ahora se ha dado a estas expresiones, ni es señor de vidas y haciendas, como
se ha dicho con agravio de los pueblos. Tampoco tiene el derecho de imponer penas arbitrarias
sin guardar proporción con los delitos; pues sería un código criminal injusto; y el pueblo jamás
ha facultado al gobierno para que haga injusticias”. [Observaciones sobre la Constitución
Política de la Monarquía Española. Observación Segunda: Igualdad. Libertad]
-“Una cosa es soberanía y otra gobierno; aquélla resulta de la voluntad general que forma el
primer poder inseparable de la nación; mas el gobierno es un mero ejecutor de la voluntad
general, y sólo consiste en una o muchas personas que merecen la confianza pública y están
autorizadas para juzgar según las leyes y dictar otras nuevas cuando la necesidad lo exija, pero
siempre con-formándose a la justicia”. [Observaciones sobre la Constitución Política de la
Monarquía Española. Observación Segunda: Igualdad. Libertad]
-“Una sociedad en que los derechos individuales son respetados, es una sociedad de hombres li-
bres, y ésta, ¿de quién podrá ser esclava, teniendo en sí una fuerza moral irresistible, por la
unidad de opinión, y una fuerza física, no menos formidable, por el denuedo con que cada uno de
sus miembros le presta a la defensa de la patria?” [Observaciones sobre la Constitución Política
de la Monarquía Española. Observación Segunda: Igualdad. Libertad]
Curiosidades Varelianas: Guía del camino a la santidad (Parte 2)
El Padre Varela no solo fue un hombre santo que fue amado por todos por su humildad y servicio
a los pobres, sino que fue además un excepcional Director Espiritual que guió a muchas almas en
el camino a la santidad. Y entre las personas que dirigió en el camino que conduce a Dios, estuvo
una jovencita camagüeyana que estudió en la Academia de las religiosas Visitandinas
(salesianas) de Georgetown, nombrada Leocadia Zamora y Quesada. Al concluir sus estudios en
la Academia, regresó a Cuba, donde su familia tenía proyectado casarla con algún buen partido,
de acuerdo a su clase social y económica. Poseía excepcionales dotes como cantante,
participando en 1838 en un concierto caritativo en un teatro habanero en favor de las víctimas del
huracán que asoló ese año a la ciudad de Trinidad.
Se traslada junto a su familia a Europa, donde brilló por su hermosura en la corte española de
Isabel II. En Francia fue agasajada en la corte imperial de Napoleón III, siendo amiga íntima de
la futura Emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo. Fue retratada en 1847 por el famoso pintor
español Federico de Madrazo y Kuntz, retrato que sirvió de modelo al escultor Rovira para una
serie de estatuillas. Se dice que de ella se enamoraron el Marqués de Alcanides y el afamado
escritor norteamericano Washington Irving. En 1852, a su regreso a Cuba, manifestó sus deseos
de consagrarse a Dios, ingresando al convento de las Madres Carmelitas Descalzas de la Habana;
pero la presión familiar le hizo salir del convento.
Regresa a España en 1853, donde tomó parte de la vida cortesana. Entra en 1872 al convento de
las Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes, donde profesó en 1873 con el nombre de Sor Ana
Teresa de la Sagrada Familia. Intentó infructuosamente erigir un convento en el Seo de Urgel, y
otro en Puigcerdá, Cataluña. En 1883 fundó en Oviedo, Asturias, el convento que hoy está
situado en el Monte Naranço. Por su fama de santidad, se inició el proceso de su canonización,
siendo declarada Venerable Sierva de Dios. Su azarosa vida, y su feliz destino final, nos revelan
que las semillas que Dio sembró en ella, que el Padre Varela descubrió y alimentó, los hizo
confluir a am-bos en el camino de la santidad, en el que comparten el título de Venerables.
Como ella conocemos otros casos de personas que por influencia y bajo la dirección del Padre
Varela decidieron consagrarse a la vida sacerdotal y/o religiosa, que iremos exponiendo en
futuros boletines, como signo de que la santidad del Padre Varela no fue solo una decision de
vida perso-nal, sino que también colaboró para que muchos eligieran la virtud y la santidad como
estilo de vida al que Dios nos llama a todos. Que nuestras oraciones y las de los que descubren
por su ejemplo de vida y sus obras el ejemplo de santidad del Padre Varela, nos permitan verlo
pronto elevado a los altares como el primer Santo Cubano canonizado por la Santa Madre Iglesia.
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