Boletín Ecos de Varela – Abril 2026

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Curiosidades Varelianas: Varela, un mambí del pensamiento o autor intelectual de las cargas al
machete?


El Padre Varela era un hombre de paz, de diálogo, de reconciliación, opuesto a toda violencia y a
toda enemistad, aún cuando se enfrentaba a personas que pensaban diferente. Lo podemos ver en
sus debates teológicos con los protestantes neoyorquinos, y en el campo de lo político en su
pensamiento independentista, al no promover el odio contra los españoles. Así lo vemos en su
periódico El Habanero, donde señalaba que entre algunos “se marcó mucho más la separación de
naturales y europeos, y se encendió el odio mutuo hasta el extremo de causar inquietudes a los
hombres pacíficos y sensatos”, añadiendo que “es un error calcular sobre el odio que se ha
procurado difundir entre naturales y europeos, este ni es como se supone, ni durará más tiempo
que el que dure en generalizarse algo más la identidad de peligro”. [Consideraciones sobre el
estado actual de la isla de Cuba”]
Al promover la idea de la independencia, a través de El Habanero, Varela en un principio siguió
la idea radicalizada de los que en un primer momento buscaban alcanzar la libertad por la vía de
las armas. Él no compartía esa idea pero entendía que ante la negativa de España a aceptar la
independencia de sus provincias americanas, mucho menos aceptaría la de Cuba, que
consideraba la joya de su corona, al convertirse en la caja de caudales que financiaba el gobierno
y la desvastada economía peninsular. Varela se negaba a la acción armada porque ello suponía la
destrucción económica de Cuba y el fin de su prosperidad, al expresar, “que equivale a la ruina
del país; la revolución, cuyos horrores apenas puede contemplar sin estremecerse toda alma
sensible! ¿Es la sangre de sus compatriotas la que quiere que riegue unos campos donde ahora,
tranquilos y felices, recogen los frutos con que la naturaleza premia su trabajo, y los regalan
abundantemente?”
La experiencia de la destructiva guerra entre España y sus provincias rebeldes, que tenía
agotadas sus economías y producía innumerables pérdidas de vidas humanas, le impedía cerrar
los ojos a la realidad, por lo que buscaba agotar las vías pacíficas antes que recurrir a las armadas
con sus consecuencias conocidas. Por ello, luego del fracaso de los planes de invasión conjunta
colombo-mexicana y ante la falta de apoyo en el Congreso Anfictiónico de Panamá, Varela retira
su apoyo y participación en esos planes y se dedica por entero a la labor pastoral en la diócesis
de Nueva York.
Pero eso no significó que renegara de su amor a Cuba y del deseo de verla libre e independiente,
por lo que se dedica a preparar las condiciones objetivas para su logro, estableciendo un proyecto
de conciencia identitaria de los Cubanos junto a sus discípulos. Proyecto que estará enfocado en
la renovación moral de la sociedad, la creación de publicaciones culturales que fomentaran la
idea que distinguía lo cubano de lo español, la promoción de instituciones y líderes ilustrados
que crearan las bases de la literatura, la educación y la cultura en clave de identidad cubana.
Todo ello constituía una verdadera batalla cultural e intelectual, que le hará decir en una de sus

cartas “y es que en el campo que yo chapeé (vaya este terminito cubano) han dejado crecer
mucha manigua (vaya otro); y como no tengo machete (he aquí otro) y además el hábito de
manejarlo, desearía que los que tienen ambos emprendieran de nuevo el trabajo”.
De sus palabras alguien podría pensar que hablaba de una carga al machete física, pero él se
refería a una carga al machete intelectual, para chapear o limpiar lo que no estaba claro, lo que
había crecido como maleza u obstáculo de crecimiento. Palabras que bien podría hacernos pensar
que Varela es el autor intelectual de las cargas al machete que Máximo Gómez iniciara por
primera vez en la Guerra de los Diez años (1868), para combatir al ejército español que mantenía
sometida a su isla querida, que se convirtiera en sello propio de los mambises, que usando el
factor sorpresa, ante la carencia de armas y municiones, atacaban a los opresores al grito de: “!Al
machete!, “!A la carga!, que logró vencer luego de muchos años el dominio español para
conseguir la soñada liber-tad alcanzada finalmente en 1898, que propició el establecimiento de la
República en 1902.

Frases y Pensamientos Varelianos.
-“Os exhorto y suplico a vosotros, jóvenes que me estáis reconocidos, que tansmitáis todas estas
cosas y que inclinéis hacia la mejor Filosofía (…) no rechazaré ningún esfuerzo o deseo vuestro,
ninguna preocupación o solicitud para poder velar por su ilustración, y procuraré proporcionar
cuanto hubiere en mí, de tal modo que, reo de mi promesa (…), goce de poder cumplir (…) la fe
dada”. [Proposiciones varias para el ejercicio de los bisoños, 1811-12]
-“No puede jactarse de patriota el que quiere sujetar la sociedad a experimentos innecesarios;
pues sin ellos se consigue el fin por un medio cierto; y mucho menos a experimentos fatales, que
siempre que se han ensayado, han producido la desolación”. [Espíritu Público, Revista Bimestre
Cubana, 1834]

Efemérides Varelianas: El Magazine del Joven Católico
El 1ro de abril de 1840 salió publicado el primer número del The Young Catholic’s Magazine [El
Magazine del Joven Católico], segunda publicación dirigida a los niños, adolescents y jóvenes
católicos de la diócesis de Nueva York. Y decimos segunda, porque ya antes, entre 1837 y 1839
se había publicado una primera publicación dirigida a la joven generación, titulada The Catholic
Childrens Magazine, ambas dirigidas por el también joven Cornelius H. Gottsberger, hijo del
abogado, impresor y editor y distribuidor de libros austríaco y residente en Nueva York, John G.
Gottsberger, de las que el Padre Varela fue su Supervisor eclesiástico, y en las que ejerció una
gran influencia, ya que no solo supervisaba la ortodoxia católica de su contenido, sino que
ayudaba al joven Cornelius a elegir los materiales, poesías y artículos que en ellos se publicaban.

Su impacto no se circunscribía solo a la diócesis de Nueva York, ya que eran distribuidas en
todas las escuelas parroquiales católicas y orfanatos de la mayoría de las diócesis
norteamericanas, alcanzando grandes tiradas, de más de diez mil ejemplares, cantidad excesiva
para la época, para un público lector generalmente ignorado y minusvalorado, sobre todo porque
la educación no se hallaba extendida en todos los territorios, y a muchos niños y jóvenes no se
les inculcaba el hábito de la lectura, además de que eran muy escasas o pocas las publicaciones
dirigidos a ellas. De ahí la importancia que Varela le daba a publicaciones como ésta, dirigidas a
las jóvenes generaciones, que como las de su patria: Cuba, eran para él, la “dulce esperanza de la patria”.

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