
Curiosidades Varelianas: Biógrafos del Padre Varela
En agosto de 1878, luego de varios años de búsqueda e investigación, el abogado Cubano
residente en los Estados Unidos, José Ignacio Rodríguez Hernández (La Habana, 1831 –
Washington, 1907), editó su biografía del Padre Varela titulada “Vida del Presbítero Don Félix
Varela”. Antes que él hubo otros intentos biográficos, en semblanzas más breves que la suya,
como la de Ramón Zam-brana y Valdés (Revista de la Habana, 1854), Antonio Bachiller y
Morales (Brisas de Cuba, 1854), José Manuel Mestre Domínguez (discurso en la Real
Universidad Literaria titulado La Filosofía en la Habana, 1862), Luis Vidart y Schuch (Revista
Hispano Americana, 1866), y Francisco Calcagno (Diccionario Biográfico, 1878), que Rodríguez
consultará para conciliar algunos datos y referencias. Después de J.I. Rodríguez aparecerán otros
ensayos y biografías varelianas.
Al hallarse fuera de Cuba al momento de redactar su biografía, a Rodríguez le era muy difícil
acce-der y obtener los documentos y la información necesaria para su proyecto biográfico, por lo
que apeló a sus amigos y conocidos para que le ayudasen a realizarlo. Y no fueron pocos los que
le co-laboraron desde Cuba e incluso desde los propios Estados Unidos.
Desde Cuba fueron colaboradores suyos, amigos y ex discípulos varelianos, entre los que
figuraron el abogado habanero y discípulo de Varela, José María Casal, quien en 1853 fuera a
San Agustín a buscar a Varela para llevarlo de regreso a Cuba, encontrándolo ya muerto, quien
diseñó la Capilla Funeraria que se construyó en el Cementerio de Tolomato para acoger los
restos del sacerdote; el abogado, periodista y bibliógrafo Vidal Morales y Morales; el abogado e
historiador Antonio Bachiller Morales, el Doctor Raimundo García Menocal, así como el
pedagogo y escritor Anselmo Suárez y Romero. Hubo incluso, entre ellos, un colaborador
anónimo, -el que más información y documentos le aportó a su obra, por lo que podría
considerarse co-biógrafo suyo-, que en un acto extremo de humildad ocultó su identidad, usando
un seudónimo, al considerarse indigno de recibir crédito por el inmenso caudal de información
que aportó con el santo objeto de enaltecer la vida y obra del que consideraba el más grande
Cubano de su época: el Padre Varela.
También contó con la ayuda de Cubanos y norteamericanos en los Estados Unidos, entre los que
se hallaba el mismo primo hermano, y más cercano familiar del Padre Varela en la nación
norteña, Agustín José Morales Arnaiz, quien a su muerte fuera albacea testamentario y guardian
de toda la papelería y propiedades del Padre Varela; el hacendado y abogado matancero,
Cristóbal Madán, antiguo discípulo vareliano, a quien Varela llamara su “Consulito” en el exilio;
el también abogado venezolano-cubano, José Antonio Echevarría, exiliado por causa de su
participación en la conspi-ración de Vuelta Abajo; y Martín Mueces, quien fuera uno de los
jóvenes educados por Varela en Nueva York en los años 30’s.
A ellos se unían los hermanos Pedro José y Eusebio Guiteras, pedagogos, historiadores y
escritores matanceros, quienes se hallaban en los Estados Unidos al momento de compartir
información con Rodríguez. También le colaboraron religiosos e historiadores católicos
norteamericanos como el Padre Edmund Aubril, quien acogiera al Padre Varela y atendiera en
los últimos momentos de su vida; John Gilmary Shea, padre de la Historiografía Católica
Norteamericana; el Padre Joseph Mary Finotti, quien había publicado un artículo biográfico de
Varela en el Catholic Telegraph de Cincinnati en ese mismo año, y la religiosa Carmelita
descalza, Sor Adelaida de Santa Teresa, quien fuera dirigida espiritual del Padre Varela, a quien
debía su vocación carmelitana.
Como se puede apreciar, la obra de José I. Rodríguez aunque fue escrita por él, fue una obra
ejecutada a varias manos, por la cantidad de colaboradores que participaron en la recolección y
aporte de datos e información. Lo cual no demerita a su autor, sino que lo enaltece, ya que fue
ca-paz de promover un movimiento intelectual, del que fue motivador, para guardar la memoria
cubana, que permitió a los más jóvenes -que no le conocían-, redescubrir la vida y obra del Padre
Varela, guardando así la memoria histórica cubana, como lo ha hecho el exilio histórico cubano
en los Estados Unidos desde que se vio empujado a emigrar, al que se han ido uniendo las nuevas
oleadas y generaciones de exiliados.
Frases y Pensamientos Varelianos.
-“Desengañémonos: Constitución, libertad, igualdad, son sinónimos; y a estos términos repugnan
los de esclavitud y desigualdad de derechos”. [Memoria que demuestra la necesidad de extinguir
la esclavitud de los negros en la isla de Cuba, atendiendo a los intereses de sus propietarios]
-Es muy despreciable el hombre que odia a otro porque tiene distintas ideas. [“Lecciones de
Filosofía. Tratado de la dirección del entendimiento. Lección Cuarta: De los obstáculos de
nuestros conocimientos. Pasiones”. Obras, Vol. I, 1997, 172]
-“ Los hombres nos diferenciamos más en las opiniones que en los rostros”. [“Patriotismo”. -“ Los hombres nos diferenciamos más en las opiniones que en los rostros”. [“Patriotismo”. Lec-
ciones de Filosofía]
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